lunes, 5 de octubre de 2015

Tragos de la vida con sabor a té

Me gusta el té amargo, como algunos tragos de la vida,
me gusta tomarlo caliente y con la mirada perdida.
Me gusta mirar la calle en busca de amantes clandestinos,
me gustan las hermosas coincidencias que provoca el destino.

Me gusta el café caliente, como una alma en llamas, valiente,
me gusta tomarlo en la mañana justo al salir de mi cama.
Me gusta pensar que el mundo cambiaría con un abrir y cerrar de ojos,
pero la realidad es que todos estamos encerrados bajo el mismo candado y cerrojo.

Me gusta tomar algo fresco para olvidarme del pasado,
me gusta imaginar que el mundo puedo volverse paz,
a veces pienso que la indiferencia y la hipocresía no volverán jamás,
pero reacciono y sé que esto tan rápidamente no cambiará.

Me gusta pensar que todo se desvanece como las estaciones,
que los males se enfrían como una taza de café,
que las penas se olvidan con una copa y un par de cauciones,
y que los problemas se irán de una buena vez.

Sin embargo la vida es como un trago amargo de té negro,
es tu decisión tomarlo con placer o pesadez.
Porque la vida puede ser de lo que conozco lo más bello,
o puedes considerarla una grandísima estupidez.

La vida es como una humeante taza de café,
es tu decisión tomarla caliente o dejar que se enfríe,
es tu vida, tómala con placer y mucha fe,
en vez de tomarla con una lágrima, mejor sonríele.

Me gusta el té amargo como algunos tragos de la vida,
me gusta imaginar que vivo mi propia fantasía,
porque esta vida se vale de espontáneas sonrisas,
porque ha llegado la hora de comprarle un azucarero a mi cocina.

Un alma vieja

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